LONG LIVE H.HOLINESS AND HAPPY BIRTHDAY (JULY 6th.)
El XIV Dalai Lama del Tíbet, Jampel Ngawang Lobsang Yeshe Tenzin Gyatso, nombre que significa "océano de sabiduría, portador del loto blanco y protector de la tierra de las nieves". Premio Nobel de la Paz, es un personaje carismático y a muchos respectos ejemplar, que pone el máximo énfasis en la compasión -la más difícil y exigente forma del amor-. Ella impregna sus libros y enseñanzas, se vuelca constantemente no sólo sobre sus seguidores, sino sobre todas las personas y todo el mundo, y es raíz de la bondad que emana de él.
Su figura se ha vuelto famosa y hasta "popular", sus charlas y máximas se coleccionan y se estampan en camisetas, es asediado y fotografiado junto a celebridades que demandan su atención, queriendo succionar "la última primicia del Dharma" (enseñanza budista). Sin embargo, Tenzin Gyatso es un hombre sencillo, cálido, amable, lleno de alegría y optimismo, un devoto monje budista.
Su corta vida en el Tíbet fue agitada: a los dos años de edad fue reconocido como la reencarnación de su predecesor, el XIII Dalai Lama, según las tradiciones tibetanas; a los cuatro años debió abandonar su hogar en la región de Amdo para dirigirse a Lhasa, la capital; a los seis ya era Jefe de Estado y se vio forzado a elegir un regente; a los 15 debió asumir el liderazgo temporal y espiritual de su país; a los 24, tras la invasión china, debió huir, atravesando los Himalayas, para exiliarse en India.
Dificultades y sufrimientos marcan su trayectoria. Desde 1959, debió dedicarse a organizar a su pueblo en exilio y a impulsar una constitución. Representa a seis millones de tibetanos y se siente responsable por cada problema en las comunidades tibetanas esparcidas por el mundo. Pero, emprendedor y siempre positivo, su alegría no decae. Su honda espiritualidad y los exigentes entrenamientos monásticos le han permitido desarrollar una erudición notable no sólo en filosofía, lógica y mística budista, sino que lo han hecho un profundo conocedor de la vida y la convivencia humana. Lo central es el cultivo de las facultades analíticas; la razón ha de primar en el análisis, la comprensión y el desarrollo de las emociones; éstas no deben ser dejadas al azar, porque eso lleva a la violencia entre los seres sensibles. La compasión mueve a no incurrir en acciones negativas, motivadas por prejuicios, soberbia, envidia u odio. Pero la compasión y la paciencia deben poseer un fundamento previamente analizado por nuestra mente, y sólo podrán ejercerse cuando se hayan comprendido las razones por las que deben ser aplicadas. No tienen un propósito egoísta, que espere una recompensa, sino un sentido sinceramente altruista.
En las enseñanzas budistas existe un sinnúmero de prácticas destinadas a transformar nuestra fijación egocéntrica y modificar con ello las causas y condiciones adversas en otras favorables para el beneficio de los demás; así, por ejemplo, las enseñanzas de Tong-len consisten en hacerse cargo, en práctica contemplativa, de los sufrimientos de los demás. Igualmente, la compasión que practica el Dalai Lama -cuya apariencia, muchas veces, no pasa de ser la de un hombre amable, sonriente y hasta ingenuo- se basa en un desarrollo mental que apela al saber tanto racional como intuitivo. La compasión y el amor por el prójimo nacen de un adentramiento en la sabiduría universal que siempre representa lo "bueno"; no se aprenden como quien aprende a manejar un automóvil, sino que necesitan de un conocimiento empírico, adquirido aquí y ahora, y también en la práctica del silencio interior. La compasión y el amor vienen desde "el otro", pero también desde el "sí mismo" de cada uno: en profundo análisis meditativo, somos capaces de reconocerlos.
Muchos escritos del Dalai Lama despliegan detalladamente estas enseñanzas, ahondan en cómo aplicar y ejercer la compasión -por ejemplo, con nuestros enemigos-. Recuerdan las grandes cualidades y capacidades que posee el ser humano para ese ejercicio. Para descubrirlas, debemos habituarnos al análisis racional y lógico, mediante un entrenamiento mental que se funda en la práctica de la meditación y la contemplación; él ofrece las técnicas para ello.
En sus constantes reuniones con científicos, biólogos, psicólogos y filósofos, hace hincapié en la naturaleza, y hace ver cómo las especies animales, para vivir, desarrollarse y permanecer, se unen en solidaria fraternidad. El ser humano debe poder hacer otro tanto.